¡BIENVENIDOS!

Aquí puedes encontrar toda la información que necesites sobre las novelas de Rocío D.C.R., novedades, noticias y materiales.

En la sección Libros, encontrarás los enlaces que te llevarán directamente a la página de cada una de las historias, donde podrás conocer más sobre ellas y sus personajes.










LEE GRATIS

Descarga La Cruz de los romanos totalmente GRATIS, así como el primer capítulo de Labrys. 

Y, si deseas seguir leyendo, en la sección tienda puedes encontrar el link para comprarlo en ebook o en papel. 


NOVEDADES 

Consigue tu ejemplar en ebook de Labrys por solo 0,99€ durante todo el mes de octubre.


PRÓXIMO LIBRO


El destructor (I)
La madre y el hijo

El primer volúmen de un trilogía histórica que arranca siglos antes de Labrys. ¡Casi a punto!

martes, 20 de octubre de 2015

La fundación de Atenas

(...) ahora yacía inconsciente en un pobre catre en la bodega del viejo Delias, soñando con una mujer emplumada y con ojos de lechuza que, agitando sus alas, provocaba una gran ola marina que partía el cetro de un hombre inmenso y furioso, sepultándolo bajo las aguas.

                                                                                                                                                                                                        Labrys (Capítulo XXI)


Antes de que el dios del trueno fuera proclamado rey de todos sus hermanos, el dios Poseidón gobernaba el Egeo con mano de hierro, recibiendo adoración por parte de numerosos pueblos prósperos y poderosos. Sin embargo, sucedió que en el Ática, al noreste de la península griega, se fundó una ciudad, como una promesa de prosperidad para la región, y sumar este nuevo asentamiento a su lista de devotos era demasiado tentador para dejarlo escapar.


Con afán de ganarse la admiración de las gentes, Poseidón apareció ante el pueblo y les mostró una de sus creaciones: se trataba de un animal de cuatro patas, similar a las cabras, pero más alto, y parecido a las terneras, pero más ágil y elegante. Este animal, extraño para los áticos, podía correr grandes distancias sin cansarse y cargar a cuestas con el peso de dos hombres armados. Podía ser empleado para el transporte y también para la guerra... Poseidón lo llamó "caballo". Las gentes se mostraron asombradas con el animal y quisieron quedárselo, sin embargo, antes de que pudieran tocarlo, Poseidón les dijo que tan solo se lo entregaría a cambio de recibir culto en la nueva ciudad. Los varones de la región estuvieron dispuestos a aceptar contra los deseos de sus mujeres, que no parecían muy contentas con este presente... Hasta que llegó Atenea. 

Atenea era una diosa extraña, de aspecto enteramente femenino pero usos varoniles, que siempre iba armada de la cabeza a los pies, preparada para una guerra que rara vez llegaba gracias a su mente reflexiva y estratégica. Enterada del nacimiento de la nueva ciudad e imaginando las rápidas pretensiones que Poseidón tendría sobre ella, no perdió más tiempo y acudió para intentar arrebatarle aquel terreno, pues tal vez el Egeo necesitaba un cambio de gobernador.

Los habitantes de la nueva ciudad quedaron hechizados por la belleza de la recién llegada y cuando les habló, ellos la escucharon con suma atención. Atenea, viendo el caballo con el que Poseidón había tentado a aquellas gentes, tocó la tierra con su mano y la removió con los dedos, haciendo círculos en el barro como una niña que se ve frustrada. Durante un rato pareció que nada ocurría, y Poseidón ya se sentía dueño de la situación otra vez cuando, de pronto, la tierra comenzó a removerse sola. En el lugar donde la joven diosa había hecho sus dibujos comenzó a asomarse una raíz, luego un tallo que se fue endureciendo a medida que el sol lo calentaba y finalmente una gruesa copa ovalada que dio sombra a todos los hombres reunidos allí. Algo golpeó entonces la calva de uno de los ancianos, como una piedrecilla de color verde oscuro: era una aceituna. Una de las mujeres la recogió del suelo, la olió y se la comió ante la expectación de todos. Su radiante sonrisa despertó la ovación de los presentes, que se volvieron hacia Atenea y comenzaron a adorarla con devoción.

Poseidón, al ver aquello, estalló en cólera. Golpeó con su cetro una de las piedras de la ciudad y de ella emanó una fuente de agua salada que comenzó a inundar la ciudad, tragándose a todos cuantos no lograban alcanzar ningún lugar elevado, mientras el caballo que había creado corría desbocado entre los escombros, pisoteando cabezas y cuerpos con indiferente furia. Viendo esta destrucción, Atenea buscó el apoyo de los demás dioses, que se congregaron en la ciudad y propusieron a Poseidón un trato: ya que habían sido las mujeres las primeras en mostrarse contrarias a su culto y ninguna de ellas lo había apoyado, las mujeres del Ática tendrían prohibido votar en la sociedad y ninguno de sus hijos podría ser llamado con un nombre derivado del de sus madres... siempre a cambio de que él aplacase su ira sobre el Ática, por supuesto.

Funcionó.

Los campos se vaciaron de agua y en ellos se detuvo a descansar el caballo, cayendo en manos de los locales, que lo domesticaron. La ciudad resurgió así con mayor explendor bajo la protección y el mimo de la diosa Atenea, a la que las gentes estaban tan agradecidas por el olivo que les había regalado y tan orgullosos de tener tan magnífica patrona que no hubo duda alguna a la hora de poner finalmente un nombre adecuado a la ciudad:

Tras mucho tiempo de guerra, las pequeñas tribus sometidas se unificaron, dando lugar a una pequeña ciudad de cabañas y chozas de piedra a la que el viejo guerrero, autoproclamado rey, puso nombre en honor a su divina protectora: la ciudad de las alas, más conocida como Atenas.

                                                                                                                                                                                                        Labrys (Capítulo XXI)
   

No hay comentarios:

Publicar un comentario